domingo, 18 de junio de 2017

La Bioética frente al nihilismo global

Augusto PÉREZ LINDO, Dr. en Filosofía. Profesor Titular de Filosofía de la UBA – 1987 – 2006. Profesor del Doctorado en Políticas y Gestión de la Educación Superior de la UNTREF. Autor entre otras obras de: Mutaciones. Escenarios y filosofías del cambio de mundo (Biblos, 1993), Cambios en la consciencia histórica (Eudeba, 1999), El mundo en vísperas. Filosofía y consciencia histórica (Biblos, 2012)

LA BIOÉTICA FRENTE AL NIHILISMO GLOBAL
Publicado en: Temas de Derecho de Familia, Sucesiones y Bioética, Buenos Aires, mayo 2017, pp. 339 – 346

Tal como todo lo que vive se autorregenera en una tensión incoercible hacia su futuro, así todo lo humano regenera la esperanza regenerando su vivir; no es la esperanza lo que hace vivir, es el vivir que crea la esperanza… Edgar Morin, Tierra Patria, 1993
Estamos presenciando el surgimiento de una ética nueva e innovadora: se trata de la ética de la ciudadanía biológica y la responsabilidad genética. … hemos ingresado a la era de la política vital … Nikolas Rose, Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad en el siglo XXI, 2012


1.    Las mil caras del nihilismo social
Las sociedades actuales viven crisis donde proliferan los comportamientos agresivos y de negación de la sociabilidad. Las situaciones de exclusión, de pobreza, de violencia criminal, los distintos tipos de guerra en curso, el incremento de la violencia doméstica y del bullying escolar manifiestan la crisis de la socialidad, del contrato social o de los valores que sostienen la convivencia humana. La respuesta a estos escenarios la podemos encontrar en una nueva cultura bioética. Este es el tema de este artículo.
Los atentados terroristas suelen conmover a la opinión pública en todo el mundo. Sin embargo, el espectro de las violencias es mucho más amplio. En su Informe sobre la violencia y la salud (2002)  la Organización Mundial de la Salud señalaba desde el comienzo:
No hay país ni comunidad a salvo de la violencia. Las imágenes y las descripciones de actos violentos invaden los medios de comunicación. Está en nuestras calles y en nuestros hogares, en las escuelas, los lugares de trabajo y otros centros. En un azote ubicuo que desgarra el tejido comunitario y amenaza la vida, la salud y la felicidad de todos nosotros. Cada año, más de 1,6 millon de personas en todo el mundo pierde la vida violentamente. [1] 
Otro testimonio impactante es el Informe mundial sobre la violencia contra los niños y las niñas de UNICEFF en 2003[2] donde se afirma que en 2002 se calculaba en 53.000 el número de homicidios de niños y niñas en todo el mundo. A su vez se menciona la Encuesta Global de Salud en la Escuela de la Organización Mundial de la Salud para afirmar que en 2002 unos 150 millones de niñas y 75 millones de chicos menores de 18 años habían sufrido relaciones sexuales forzadas.
Por su lado, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito sostiene que en 2012 cerca de 437.000 personas perdieron la vida a causa de homicidios dolosos en todo el mundo.[3]  Entre otros aspectos de este informe se puede destacar que en Asia 19.700 mujeres fueron asesinadas por sus propias parejas o familiares y en América un número de 6.900.
Todos estos datos muestran el espectro impresionante y diverso de las violencias actuales. A lo cual podríamos agregar que el número de muertes relacionadas con las drogas en 2014 se calculaba en 207.400 personas.[4]
Estos simples y dramáticos datos nos ponen ante una evidencia: los comportamientos violentos forman parte de la cultura y de las relaciones sociales en el mundo actual. Es por esto que hablamos en este artículo de “nihilismo global”. Entendemos en este caso el “nihilismo“ como la negación de los principios de convivencia, como la negación de la socialidad y de la vida misma. Y es por el alcance de este fenómeno que proponemos analizar estas situaciones desde la perspectiva de una “biopolítica” donde la bioética puede aportar conocimientos y líneas de acción para enfrentar estas patologías de las sociedades actuales.
2.    La violencia y sus causas
El terrorismo y las guerras motivadas por razones políticas, étnicas o religiosas ocupan un lugar destacado por la espectacularidad de las muertes que provocan. Muchos creen que estos fenómenos constituyen la amenaza principal para la vida de los pueblos. Sin embargo, cuando uno analiza las estadísticas de los homicidios ligados a la delincuencia y el  narcotráfico ,  los casos de bullying en las escuelas,  la violencia doméstica ,  los conflictos tribales o los suicidios de jóvenes, uno se pregunta si todos estos fenómenos no evidencian un problema mayor.   
Al principio del siglo XX Emile Durkheim elaboró el concepto de “anomia” para explicar porqué en las grandes ciudades de Europa una parte  de  los migrantes que venían del medio rural se convertían en individuos marginales y agresivos. La revolución industrial tenía como uno de sus efectos provocar desarraigos y crisis en las estructuras familiares del nuevo proletariado que se formaba en las periferias de las ciudades.
En el marxismo y el anarquismo ya se habían formulado otras interpretaciones. Desde el Manifiesto Comunista de 1844 Karl Marx interpretaba que el capitalismo estaba creando una nueva economía y una nueva sociedad que transformaba las relaciones sociales. Tuvo el presentimiento de que con las nuevas formas de producción de la sociedad “todo lo real se diluye en el aire”. Un anticipo de lo que en tiempos actuales Zygmunt Bauman denomina la “sociedad líquida”, o sea, un mundo donde nada permanece estable, donde todo cambia permanentemente. [5]
Los anarquistas no le echaban la culpa a la división de clases sino a las relaciones de dominación, al ejercicio del poder. Para ellos es la institución del Estado como legitimador de las relaciones de dominación y de los valores de una sociedad injusta lo que sostiene las desigualdades, desequilibrios y violencias. Desde su punto de vista la moral instituida no era más que una cobertura ideológica para que los pobres y los dominados aceptaran la sumisión. En consecuencia, sostuvieron que era correcto ejercer la  contra-violencia por todos los medios frente  al Estado opresor y las clases dominantes.
Como teóricos del nihilismo político, o sea, la negación de toda forma de poder establecido, los anarquistas admitían todo tipo de violencia social incluyendo el terrorismo para luchar contra los opresores. Pero fueron conscientes de que había que poner ciertos límites éticos y tratar de evitar el daño a las personas ajenas al conflicto: parientes, niños, ciudadanos comunes.
Fueron también los anarquistas los que destacaron con agudeza que los principales hechos de violencia masiva apelando a cualquier medio provenían de los Estados. El terrorismo estatal, bajo formas legitimadas o no, como en las guerras, implica justificar el asesinato político, los secuestros, torturas, matanzas colectivas, campos de concentración, encarcelamientos injustos y otras prácticas. Durante los últimos cien años hemos visto desfilar con todas sus variantes ideológicas sistemas colonialistas, imperialistas, totalitarios, autoritarios, represivos.
En La violencia y sus causas (1981) [6]  un grupo de sociólogos, biólogos, psicólogos, antropólogos, historiadores y politicólogos convocados por la UNESCO intentaron definir las causas de los fenómenos violentos. La primera conclusión surgió rápidamente a través de las miradas de diversos especialistas: se trata de un fenómeno multicausal.
Las negaciones de la sociabilidad, de la convivencia y de la solidaridad son tan abundantes en el mundo actual que nos llevan a pensar que se trata de un “fenómeno global”. Algunos consideran que la exclusión social en la era de la globalización es la fuente principal de las violencias actuales.[7] En efecto, más de mil millones de personas se encuentran en las categorías de pobres, indigentes y excluidos en la población mundial. Solamente en América, del Norte y del Sur, podemos estimar en más de 300 millones las personas afectadas.   
La destrucción de la socialidad, que otros denominan desintegracióndesligación social, se manifiesta en América Latina con  los altos índices de pobreza y desigualdad social pero también con el alto porcentaje de familias monoparentales (10 a 20% de las familias son sostenidas exclusivamente por la madre). Otro dato nos señala que la des-socialización se manifiesta en el aislamiento de los individuos:  cerca del 40% de personas viven solas en las grandes ciudades como Nueva York, Tokyo, Buenos Aires, San Pablo, México, etc.
 Algunos psicólogos hablan de “crisis vincular”. Los psicoanalistas que siguen a Freud recuerdan que éste ya hablaba de la “pérdida de los registros simbólicos” en el artículo sobre “El malestar en la cultura” de 1939. Hoy percibimos en efecto que hay crisis en los vínculos familiares que hay pérdida de valores, de códigos morales y de consciencia ciudadana. Por otro lado, los medios de comunicación  relativizan la violencia y los hechos perversos. Muchas veces exaltan las acciones violentas  y transgresoras. Las nuevas generaciones aprenden que  la transgresión ética o  legal es aceptable.
Las teorías tradicionales ya no pueden explicar el auge de la violencia escolar donde niños o niñas son acosados, violados, agredidos o asesinados por razones triviales por sus propios pares. Argentina que cuenta con más de 36.000 establecimientos escolares experimenta cerca de 60 mil hechos de violencia escolar que comprenden agresiones escritas y verbales, por coacción física, con armas blancas y de fuego, por medios electrónicos (bullying virtual y grooming). Según encuestas de Uniceff el 60% de los alumnos fue testigo de hechos de agresión en la escuela. 
En Estados Unidos la violencia escolar afecta a unas 600.000 mil personas, en Francia a unas 400.000, en  Brasil a más de 200.000. A veces la violencia se extiende hacia los profesores. En Paris un sindicato docente llegó a ofrecer  cursos de autodefensa para profesores de colegios secundarios. De hecho muchos profesores han optado por esta opción en todas partes.  
Si pasamos del campo escolar al familiar observamos que se incrementa el número de acosos y agresiones a mujeres en América, en Europa, en Asia. El asesinato de mujeres aumentó.[8]  No solo eso. Estamos observando que en Argentina un individuo despechado  no solo intenta asesinar a su pareja sino también a los hijos y parientes.
En el mundo de la delincuencia también se modificaron los códigos. Antes prevalecían los robos sin homicidio. Ahora por un robo menor se puede matar a cualquiera. La intervención de menores de 18 años en los delitos creció exponencialmente en Argentina y América Latina. En Brasil las causas externas de moralidad de menores de 0 – 19 años pasó de 6,7% en 1980 a 29% en 2013. [9] . Varias películas exponen la tragedia de la delincuencia infantil y adolescente en la región, entre otras: “Peixote”, “La Virgen de los Sicarios”, “Cidade de Deus”.
No hay límites para agredir o matar a cualquier persona, sea niño o anciano, docente, médico o sacerdote, pobre o desprotegido. No hay reglas. Todo vale. Por lo tanto, nada vale. El nihilismo social avanza. La agresión se extiende a los medios de comunicación y a las redes virtuales. Robos, secuestros y agresiones virtuales sorprenden a todo el mundo.
En la dimensión de los conflictos políticos y sociales es donde encontramos las situaciones que nos parecen más espectaculares. Los crímenes de los narcotraficantes en América Latina o en África forman parte de la filmografía contemporánea. Los atentados terroristas de los integristas islámicos sacuden la opinión pública en los cinco continentes.
3. El concepto del nihilismo global
Proponemos como hipótesis verosímil que las violencias actuales están relacionadas con las mutaciones bio-sociales  tecno-científicas, económicas, sociales y culturales.[10]  Las mutaciones en curso tienen como efectos colaterales el deterioro de los vínculos sociales, del medio ambiente y el debilitamiento de los códigos bio-éticos. Las negaciones de los principios bio-éticos en las relaciones sociales configuran el nihilismo global, que abarca los comportamientos interpersonales y con el medio ambiente.  
La violencia es global en el sentido geográfico y en el sentido integral. Abarca todas las dimensiones de la vida humana. Nadie escapa de las amenazas, no hay inocentes, nadie es inmune. 
El concepto de “nihilismo global” significa que en todos los órdenes de la convivencia humana actual se ha extendido la capacidad para negar la vida del otro, para excluir, para matar, para violentar a los demás. Es probable que la capacidad para agredir, o la agresividad, tenga una base natural. Sin embargo, la Humanidad en el curso su evolución creó mandamientos, normas y  valores para asegurar la convivencia social. En la actualidad podríamos preguntarnos si nos aproximamos a una etapa “poshumana” o “poshistórica” donde los fundamentos del Estado y la sociedad se derrumban. [11]
Todos nos conmocionamos con los atentados o prácticas violentas de los integristas islámicos que toman como blancos a cualquier grupo humano en aeropuertos, escuelas, centros comerciales o edificios públicos. Atacar personas ajenas a un conflicto revela la insignificancia que se asigna a la vida humana. Pero la violencia política es apenas un aspecto del nihilismo global.
Desde la Primera Guerra Mundial (19l4-19l8) se hicieron acuerdos para preservar las poblaciones civiles y prohibir armas bioquímicas de aniquilación masiva. Luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 y una serie de convenios  internacionales para fortalecer el respeto de la dignidad humana.
En varios momentos se tuvo la esperanza de que estos acuerdos podían dar lugar a un orden mundial más justo y respetuoso de la vida humana. Pero a pesar de los convenios ético-políticos mundiales hoy podemos constatar que se vienen quebrando en distintos escenarios los límites morales en distintos países y en diversas situaciones de conflicto.  
Muchos reconocen que en el “contexto de aplicación” el respeto de los derechos humanos ofrece muchas resistencias. En muchos estados no se respeta el derecho a la vida, la libertad de consciencia, la libertad de asociación, el acceso a una alimentación básica, la libertad de opinión y otros principios. Se ha tratado a veces de relativizar el alcance de los principios de los Derechos Humanos invocando necesidades del Estado, las tradiciones culturales o las creencias religiosas. Estos argumentos se han revelado insostenibles frente al consenso moral que proponen los convenios internacionales.
Por otro lado, muchas situaciones relativas a la “violencia social” provienen de las  familias, comunidades, tribus, asociaciones religiosas, políticas, culturales o deportivas. Las “mafias”, “tribus urbanas”, las “bandas”, “barras” y otros grupos son agentes de socialización que crean códigos violentos. Los agentes tradicionales de integración social (Estado, escuelas, partidos, iglesias, clubes, familias, sindicatos) han dejado el lugar muchas veces a los nuevos actores sociales.  
Este panorama nos lleva a distinguir entre la violencia estatal y la violencia social. Ambas pueden estar conectadas en los estados autoritarios. Pero hay que tener en cuenta que algunas tradiciones (como la ablación del clítoris de las mujeres en algunos países de África, o la ejecución de mujeres por infidelidad, o la persecución a individuos de distinta raza o categoría social) constituyen barreras poderosas para la humanización de las relaciones sociales.
Hay que agregar a estas situaciones la influencia de las Tecnologías de la Información y la Comunidación (TIC) que estimulan la formación de imaginarios colectivos impregnados de violencia. En los medios normalmente no hay límites para publicitar lenguajes y acciones violentas, agresivas, destructivas. Los niños acceden a mensajes repetidos de agresión. Las series de video-juegos violentos y de guerra se multiplican.  El imaginario violento ha ganado terreno en todas las sociedades y se transmite rápidamente a la realidad.   
El culto de lo siniestro se manifiesta en películas, series televisivas o video-juegos. También se expresa en la formación de tribus urbanas que se denominan “cadáveres de niños”, “masacre”, “skin heads“, “angeles diabólicos”, etc. A menudo la crónica policial muestra como los jóvenes pasan del imaginario a la realidad matando a sus compañeros en un ataque escolar o en la salida de un club nocturno. Desarmar, en sentido lato y en sentido figurado, los imaginarios violentos requiere acciones culturales y sociales muy amplias.   
4.    De la bio-ética a las biopolíticas  
Tomar consciencia del nihilismo global que  sufren las sociedades actuales debería uno de los objetivos primeros de las políticas sociales, culturales y educativas.  ¿Pero, cómo implementar una biopolítica tendiente a crear una nueva cultura de respeto a la vida?  ¿Qué lugar ocupa en el currículo escolar la formación de actitudes de respeto a la vida humana? Deberíamos preguntarnos antes todo si la escuela se ocupa de la “formación en valores” y de las actitudes básicas como la solidaridad, el respeto, la responsabilidad social.   
La formación de actitudes favorables para el respeto de la vida y de los semejantes debería ocupar un lugar relevante en el currículo escolar. En muchas escuelas los alumnos no aprenden ni a pensar ni a convivir, decía Ivan Illich en los años de 1970 cuando defendía la necesidad de la “desescolarización”. Las evaluaciones escolares muestran que la motivación, el respeto, la responsabilidad y el compromiso son actitudes decisivas para el éxito de los alumnos.
Podemos decir que en la formación de los niños y niñas escolarizadas lo que importa sobre todo es la transmisión de valores y actitudes favorables a la convivencia (el aprender a ser, el aprender a convivir, como reclama la UNESCO) y al respeto de la vida. Asumir esto implica una revisión profunda de la actividad escolar y de la preparación de los docentes. Actualmente lo más difícil no es transmitir informaciones y conocimientos porque en muchos casos los sistemas de información facilitan esta tarea, sino transmitir un sentido bio-ético-social.
Las sociedad actuales tienden a la escolarización básica universal. Habría que lograr que la enseñanza bio-ética forme parte del curriculo en todos los niveles de la educación. Porque está en juego la socialidad, la convivencia entre los seres humanos de todo el planeta. Ahora bien, una biopolítica de esta naturaleza requiere acciones en diversos planos. Por de pronto, sería necesario un Pacto Internacional para un Desarrollo Solidario que asegure alimentación y condiciones básicas de vida a todo el mundo. Esto ya ha sido propuesto en Naciones Unidas por distintas instituciones y personalidades.
Sabemos que la agresividad y la crisis de la socialidad están presentes en sociedades desarrolladas y subdesarrolladas.  Esto muestra que no siempre son las condiciones económicas las que empujan hacia el nihilismo social. Los suicidios son altos en sociedades como las de Japón o Suecia. Los suicidios juveniles son los que más llaman la atención porque se trata de individuos que normalmente se encuentran en pleno crecimiento. La OMS sitúa a la Argentina en primer lugar con mayores índices de suicidios adolescentes en América Latina. Vienen después Venezuela, México, Brasil.
En 2005 la UNESCO proclamó la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos. De este documento surge que no se puede disociar la lucha por los principios de los derechos humanos de las normas que orientan a los actores sociales que intervienen en temas de la salud y la vida de la salud humana.
            Lo difícil no es ponerse de acuerdo sobre los principios de la bioética. Lo difícil es ponerse de acuerdo sobre la implementación de políticas que permitan asegurar una convivencia feliz entre las personas. Este debería ser el núcleo principal de toda actividad política: asegurar que los ciudadanos pueden convivir felizmente. Este principio figura en la Constitución de algunos países. En Ecuador desde la reforma constitucional de 2008 se introduce el principio del “buen vivir” como eje del desarrollo social.
            Diversos países y comunidades han ensayado crear una nueva cultura política donde la búsqueda de la felicidad o el buen vivir para todos está en el centro de las decisiones estatales y sociales. La bioética debería crear orientaciones para sustentar biopolíticas que permitan enfrentar el “nihilismo global”. ¿En qué medida un sistema económico, social o político atenta contra la vida de las personas?
            Ciertas intervenciones médicas y sanitarias se han revelado decisivas para mejorar las condiciones de vida de los niños o de los sectores más vulnerables. La seguridad o el bienestar de muchas personas depende de decisiones adecuadas de los funcionarios judiciales. Las políticas sociales tienen a veces un alcance limitado porque no tienen en cuenta las condiciones de vida de las personas asistidas. Esto muestra que se necesita desarrollar una cultura bioética que involucre a médicos, psicólogos, abogados, jueces, asistentes sociales, funcionarios estatales o dirigentes comunitarios.
            Todo esto implica resignificar el sentido de la bio-ética para convertirla en la base de biopolíticas extendidas a toda la sociedad. Porque lo que está en peligro es la convivencia social y la vida de las personas.  Se necesitan políticas específicas para proveer viviendas dignas, atención sanitaria adecuada, acceso universal a la educación, trabajos dignos, igualdad de oportunidades. La justicia y la seguridad también importan. Pero todo esto puede enmarcarse en el propósito de proveer vida digna para todos.
            La bioética ha dejado de ser un mero conjunto de criterios para la casuística médica o de investigación biológica. Ahora se encuentra en el centro de los instrumentos culturales de que disponemos para evitar los procesos autodestructivos que estamos sufriendo.
            Algunos pensaran que bastaría con que se respete la vigencia del Estado de Derecho para que se respeten los derechos de los individuos y de las comunidades. Pero el fenómeno del “nihilismo global” comienza ahora en la infancia, con niños que aprenden desde la marginalidad o la televisión los comportamientos agresivos. Nunca como ahora se han potenciado las tendencias agresionistas.
            Para revertir el nihilismo global la instalación de una cultura bio-ética, o sea, de respeto de la vida en todas sus dimensiones, debería convertirse en el centro de las políticas educativas, culturales y sociales. Existen ya muchas experiencias en esta dirección a nivel de comunidades e instituciones. Pero hemos llegado al punto en que las reformas aisladas no pueden asegurar el éxito de sus objetivos. Millones de personas han intentado refugiarse o aislarse en barrios residenciales, countries, comunidades solidarias. Muchas no han podido eludir la violencia que nos rodea y penetra hasta los lugares más aislados.
            Colocar a la bioética en el centro de las comunicaciones y de las políticas sociales puede ser un camino para superar el nihilismo social. Pero en última instancia todos intuimos que sin un cambio en el orden económico mundial seguiremos teniendo millones de personas excluidas y un potencial de frustración y agresividad enorme. Por eso la bioética debería asociarse con el propósito de instalar un modelo de desarrollo mundial solidario.



BIBLIOGRAFÍA
-       BAUMAN, Z.  (1999) Modernidad líquida. Bs.As.: FCE; -- (2004) La sociedad sitiada. Bs.As.; FCE
-       CHANGEUX, J.P. (2010) Sobre lo verdadero, lo bello y el bien,  Madrid: Katz
-       DUSSEL, E.  (1998) Ética de la liberación: en la era de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta
-       MORIN, E. (1993)  Tierra Patria, Buenos Aires: Nueva Visión
-       ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD. OMS. (2002) Informe mundial sobre la violencia y la salud. Washington: OPS
-       PEREZ LINDO, A. (2012) El mundo en vísperas. Filosofía y consciencia histórica. Buenos Aires : Biblos
-       ROCARD , M. (2015) Suicide de l’Occident, suicide de l’Humanité ?. Paris : Flammarion
-       ROSE, Nikolas (2012)  Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad en el siglo XXI. Buenos Aires . UNIPE
-       TEALDI, J.C. (dir.) (2008) Diccionario Latinoamericano de Bioética. Bogotá : UNESCO – Universidad Nacional de Colombia
-       TOURAINE, A.  (2013) La fin des sociétés. Paris : Editions du Seuil
-       UNESCO (1981) La violencia y sus causas. Paris : UNESCO
-       UNICEFF. Informe mundial sobre la violencia contra los niños y las niñas. New York: Naciones Unidas
-       UNODOC (2012)  Informe mundial sobre las drogas. New York: UNODOC: NACIONES UNIDAS
-       UNODOC (2013) OFICINA DE LAS NACIONES UNIDAS CONTRA LA DROGA Y EL DELITO (UNODOC) (2013) Estudio Mundial sobre el homicidio. Resumen Ejecutivo.  New York : UNODOC. Naciones Unidas
-       WAISELFISZ, J.J. (2015) Mapa da violência 2015. Homicidio de mulheres no Brasil. Brasilia: FLACSO
-    WAISELFISZ, J.J. (2014) Mapa da violencia 2015. Adolescentes de 16 e 17     anos do Brasil. Río de Janeiro: FLACSO





[1] ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD. OMS. (2002) Informe mundial sobre la violencia y la salud. Washington: OPS

[2] UNICEFF. Informe mundial sobre la violencia contra los niños y las niñas. New York: Naciones Unidas
[3] OFICINA DE LAS NACIONES UNIDAS CONTRA LA DROGA Y EL DELITO (UNODOC) (2013) Estudio Mundial sobre el homicidio. Resumen Ejecutivo.  New York : UNODOC. Naciones Unidas
[4] UNODOC. Informe mundial sobre las drogas. New York: UNODOC. NACIONES UNIDAS
[5] Sygmunt Bauman (1999) Modernidad líquida. Bs.As.: FCE; -- (2004) La sociedad sitiada. Bs.As.; FCE
[6] UNESCO (1981) La violencia y sus causas. Paris : UNESCO
[7] Ver: Enrique DUSSEL (1998) Ética de la liberación: en la era de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta
[8] Ver el caso de Brasil em: WAISELFISZ, J.J. (2015) Mapa da violência 2015. Homicidio de mulheres no Brasil. Brasilia: FLACSO
[9] WAISELFISZ, J.J. (2014) Mapa da violencia 2015. Adolescentes de 16 e 17 anos do Brasil. Río de Janeiro: FLACSO
[10] PEREZ LINDO, A. (2012) El mundo en vísperas. Filosofía y consciencia histórica. Buenos Aires: Biblos
[11] TOURAINE, A.  (2013) La fin des sociétés. Paris : Editions du Seuil

La idea de la Universidad actual

ENCUENTRO LA UNIVERSIDAD COMO OBJETO DE INVESTIGACIÓN
UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL
3 – 5 de mayo de 2017. Santa Fe
Ponencia: El concepto de la universidad actual
AUGUSTO PÉREZ LINDO, Profesor del Doctorado en Políticas y Gestión Universitaria de la UNTREF, del Doctorado en Educación Superior de la Universidad de Palermo y de la Maestría en Gestión Universitaria de la Universidad Nacional de Mar del Plata
Palabras claves: teoría de la universidad – modelos de universidad – evolución de las universidades – universidad argentina
RESUMEN: Se proponen en esta ponencia presentar los nuevos perfiles que adoptan las universidades actuales de acuerdo con las transformaciones del contexto. Se trata también de brindar elementos para conceptualizar la identidad que vienen asumiendo las instituciones universitarias en proceso de cambio. Asimismo, se propone una perspectiva desde la cual las universidades de América Latina podrían asumir una nueva misión histórica para resolver el problema del subdesarrollo.

1.      Los nombres de la universidad en transformación
            Pensar la universidad futura implica identificar las tendencias y las transformaciones que están configurando la nueva identidad. La universidad futura ya existe. Pero no terminamos de elaborar un concepto universal sobre la misma. Por otra parte, los procesos de las nuevas transformaciones no han terminado. Por eso la dificultad para explicitar un nuevo paradigma.
            Se han enunciado diversos  nombres para identificar el perfil de la universidad emergente:  “multiversidad”, “universidad global”, “universidad abierta”, “universidad difusa”, “universidad virtual”, “universidad emprendedora”, “universidad transfronteriza”, “universidad masiva”, “universidad multicultural”, “wired university” son algunas de las denominaciones propuestas por distintos especialistas en las últimas décadas. (Altbach: 1994; Gumport: 2015; Inayatullah: 2003; Rama: 2006; Miklos: 2016)
            Podríamos señalar la década de 1990 como un momento significativo para la explicitación de varias tendencias:  la expansión económico- tecnológica de  China; el derrumbe de la Unión Soviética, la profundización del acceso masivo a la educación superior en todo el mundo, la intervención creciente de las universidades en las innovaciones tecnológicas, la cientificación e  informatización de la sociedad, la crisis del modelo academicista  en Europa, la expansión de las universidades en África, América Latina y Asia.
            En los 90 se difundía el neo-liberalismo en varias direcciones. Las teorías organizacionales avanzaban hacia la educación dando importancia central a los problemas de gestión. Simultáneamente los estudios de sociología de la educación analizaban la reproducción de las desigualdades o la socialización de los jóvenes a través de la Educación Superior. Los problemas de aprendizaje cobraban mayor relevancia y la Pedagogía Universitaria surgía como un campo muy importante. La Sociología del Conocimiento abría nuevas perspectivas para interpretar la evolución de las sociedades a través de los avances científicos y tecnológicos. Michael Gibbons y otros anunciaban el “cambio en el modo de producción y transmisión de conocimientos”.
            Europa a través de los Acuerdos de Bolonia (1999-2010) buscó al mismo tiempo crear un “nuevo espacio del conocimiento” para mantener la competitividad frente al Sudeste Asiático y Estados Unidos, y propuso una reforma curricular de los estudios universitarios. América Latina, Asia y África en general buscaban adaptarse a las nuevas tendencias como la globalización, la informatización, la masificación del acceso o el fortalecimiento de la investigación científica. El “modo adaptativo” (y no “creativo” o “innovador”) se imponía en todas partes.
            La perspectiva histórica puede ayudarnos a encontrar un sentido a la expansión de las universidades. Mucho antes que nosotros Comenio (1592 – 1670) había entrevisto la idea de una sociedad totalmente escolarizada. Recién en 1990, bajo los auspicios de la UNESCO, las naciones actuales aprobaron la Declaración Mundial sobre Educación para Todos, en Jomtien, Tailandia. El progreso de la escolarización de las poblaciones ha sido espectacular en todos los continentes. Con lo cual ha cambiado el perfil de la fuerza de trabajo y de las sociedades. A principios del siglo XX el analfabetismo afectaba al 80-90 % de las poblaciones y al final del siglo el índice estaba cerca del 10%.
Los pueblos colonizados, los negros, las mujeres y otros grupos humanos dieron un salto espectacular en sus luchas por el reconocimiento social gracias a la educación. Desde esta perspectiva deberíamos analizar también el impacto actual de la masificación de la educación superior. Se han formado nuevos actores sociales y se ha modificado el perfil de la fuerza de trabajo. Peter Drucker reconocía desde 1989 el surgimiento de una economía y de un “proletariado del conocimiento” (Drucker: 1990)
            El lugar de la educación superior en una sociedad escolarizada es lo primero que podemos destacar. Ya en países de la Unión Europea, en Estados Unidos, Canadá, Argentina, Costa Rica, Cuba, Japón, Corea del Sur, Israel y otros, el 40% de la población económicamente activa tiene estudios superiores. Esto crea una “nueva ciudadanía” y una nueva fuerza de trabajo más asociada a la producción y transmisión de conocimientos.
            Europa, China, América Latina, África, ya sufren el subempleo de recursos humanos altamente calificados. Lo cual pone en evidencia que existe una contradicción entre el modo de funcionamiento de las sociedades y el aprovechamiento del potencial de recursos humanos calificados. Lo que quiere decir que si no emerge un modelo de desarrollo con uso intensivo del conocimiento y con políticas dirigidas a distribuir equitativamente las oportunidades sociales, seguiremos incrementando la formación de una masa de jóvenes instruidos y sin empleo.
            Desde este punto de vista el futuro de las universidades dependerá de las capacidades para multiplicar el uso social del conocimiento relacionado con la resolución de problemas tales como el subdesarrollo, la pobreza, los desequilibrios ecológicos, la ineficiencia del Estado, etc.
            En consecuencia, podemos afirmar que el futuro de la universidad estará asociado a su capacidad para producir y aplicar conocimientos no solo para resolver problemas económicos y sociales sino también para contribuir a crear un “círculo virtuoso” que permita emplear a los millones de nuevos graduados universitarios que aparecen cada año en el mercado del trabajo.
2.     Nuevos contextos,  nuevos paradigmas de la universidad
            Afirmar que la nueva universidad será necesariamente global es algo   verificable no solo en las grandes metrópolis sino también en las regiones periféricas. También es evidente el avance de la informatización, de la telefonía digital, de los programas de información y aprendizaje virtuales. Internacionalización e informatización son dos fenómenos que modifican las condiciones de funcionamiento de las instituciones universitarias. 
            Por otro lado, los gobiernos y los directivos universitarios constatan que la masificación del acceso a la Educación Superior ha obligado a revisar las políticas y formas tradicionales de la enseñanza. La demanda creciente de Educación Superior ha tenido entre otras consecuencias la de exigir mayores recursos pero también la de expandir las ofertas de cursos de posgrado. El nivel “cuaternario” (Maestrías, Doctorados, Post Doctorados) ya constituye en muchas universidades una parte importante de la matrícula.
            Marchamos hacia la universalización del acceso a la Educación Superior. Pero al mismo tiempo la “diversificación” y “diferenciación” entre los niveles de la enseñanza se acentúa. La “postgraduarización” de la Educación Superior (como la denomina Claudio Rama) se encuentra, a su vez, asociada con otro proceso: la valorización de la actividad científica en las universidades.
            La “centralidad” de los estudios de grado deja paso al crecimiento de los posgrados y de la investigación científica en las universidades. Entre los indicadores que utilizan las grandes agencias de “rankings universitarios” figuran el número de postgraduados, de investigadores, de publicaciones científicas y de patentamientos.
            Este proceso conduce sin duda a una nueva segmentación o estratificación de los estudios universitarios. Asimismo, esto tiene consecuencias en el mercado de trabajo. En muchos países se exigen diplomas de posgrado para ejercer la docencia a nivel universitario y secundario.
            Si se analiza el comportamiento de las universidades y de las políticas públicas se puede observar que tanto en Estados Unidos, Europa, América Latina o África, la socialización de los jóvenes entre 17 – 24 años se ha convertido en un problema central. La idea de la “universidad incluyente” o “socializadora” ha inspirado políticas especiales tanto en Estados Unidos, como Argentina, Francia, Cuba y muchos otros países.
            No se trataría solamente de una situación coyuntural. Si la escolarización se universaliza resulta evidente que pasar por la universidad comienza a ser el destino normal de la mayoría de los jóvenes y si esto es así entonces el período de los 17 a 24 años se convierte en una etapa de socialización que antes significaba para la mayoría la entrada al mundo del trabajo. En muchos casos el éxito de este proceso resulta más importante que la obtención de diplomas académicos. A su vez el peor escenario se presenta cuando no se logra la integración social y tampoco se consigue brindarle una graduación superior a la mayoría de los jóvenes. 
            Algunos han aventurado la hipótesis de un desplazamiento de la universidad tradicional (presencial, territorial, dividida por carreras) por el avance de las universidades virtuales, abiertas, globales, transdisciplinarias. Las “universidades virtuales” ya existen. De hecho todas las instituciones registran actividades de enseñanza virtual combinadas con otras modalidades (presenciales, semi presenciales).
            También es evidente que millones de personas aprenden de manera autónoma a través de Internet donde se encuentran miles de programas de información científica, de aprendizaje, de investigación, de escolarización. En el Ciberespacio ha surgido de manera informal un Sistema Educativo Virtual, Global y Flexible que abarca todos los niveles de la educación en formato gratuito o arancelado. Esta nueva realidad, sin embargo, no ha afectado la escolarización superior y parece más bien que seguirán coexistiendo varias modalidades alternativas. Podemos hablar, entonces, de un nuevo Modelo de Universidad Multimedial o sea de instituciones híbridas con distintas modalidades de aprendizaje.
            Las organizaciones universitarias han tratado de innovar o de adaptarse a las nuevas tendencias o procesos (científicos, tecnológicos, económicos, sociales, culturales, políticos). Pese a los intentos por planificar estas estrategias cada unidad académica ha buscado nichos, oportunidades, innovaciones, para responder a los nuevos contextos. De modo que resulta improbable que a escala mundial encontremos nuevamente modelos homogéneos como fueron en otros momentos el Modelo Francés, el Modelo Británico, el Modelo Alemán, el Modelo Soviético o el Modelo Norteamericano.  Los sistemas universitarios son hoy un mosaico de diversidades (como en el caso de los 54 países que participan del Proceso de Bolonia en Europa y África) o como el caso de las universidades en América Latina. 
3.     Uni – diversitas: un sistema universitario global y complejo
            Nada puede evitar que los sistemas universitarios nacionales e internacionales tengan características diversas. Pero tampoco nadie puede frenar el avance de la globalización, de la informatización, de la flexibilización curricular, de la masificación, de la investigación científica, de los posgrados, de los programas de vinculación con la sociedad, la economía y el Estado. Cada uno de estos procesos tiene su lógica, su causalidad. Las grandes universidades se convierten en multi-versidades o en uni-diversidades.
            Las teorías sociológicas, organizacionales, educativas o institucionales pueden brindarnos algunas hipótesis sobre el perfil dominante de la universidad futura. Con seguridad habrán de asumir los procesos de globalización, informatización, virtualización o masificación. Pero las experiencias en curso muestran que las instituciones pueden mantener una identidad por encima de las tendencias dominantes. Esto quiere decir que la gestión estratégica, la cultura organizacional y la identidad institucional serán decisivas para definir el comportamiento de las universidades.
            En el plano de los sistemas universitarios nacionales dos preguntas aparecen como centrales: ¿cómo asegurar la empleabilidad de los graduados? ; ¿cómo lograr en los países periféricos que las universidades logren un nivel de calidad o de excelencia?
            La empleabilidad de los graduados dependerá cada vez más de la creación de procesos económico-sociales que requieran el uso intensivo de conocimientos. Por otro lado, en la medida en que las universidades se encuentren implicadas en las estrategias de este tipo entonces se verán motivadas para mejorar las actividades científicas y la calidad de la enseñanza.
            Si las universidades de regiones periféricas no logran modificar el modelo “profesionalista” vigente seguirán formando recursos humanos condenados a la emigración o al subempleo. Si no se proponen lograr el mejor nivel científico, la mejor calidad de su enseñanza, los mejores resultados en transferencia de conocimientos, entonces seguirán reproduciendo el subdesarrollo de sus países. Lamentablemente existe, como decía Kenneth Galbraith, un acostumbramiento al subdesarrollo tanto en las universidades como en la sociedad. La “banalización” de la ineficiencia del Estado, de la desintegración social, de la pobreza, de la violencia, de la irracionalidad económica, crea una cultura del atraso que las universidades deberían atreverse a superar.   
            Teniendo en cuenta las tendencias organizacionales y los valores en juego en América Latina sostenemos que sería adecuado asumir un Modelo de Universidad para el Desarrollo que fuera capaz de afrontar al mismo tiempo la misión de socializar a los jóvenes, de ofrecer enseñanza de calidad, de producir conocimientos científicos, de crear alternativas económico-sociales y de formar ciudadanos para fortalecer la democracia. Al decir esto nos preguntamos cuántas instituciones de la Educación Superior están cumpliendo con estos propósitos.
            Sería realista de parte de los gestores universitarios tomar en cuenta las tendencias, los cambios, las innovaciones que afectan a las universidades en todo el mundo. Sería realista también reconocer que no todas las universidades pueden consagrarse a las mismas funciones. No todas adoptan tampoco los mismos valores y misiones institucionales. 
Pero, en cualquier caso, resulta evidente que no es sostenible mantener como función exclusiva de las universidades el producir profesionales sin tener en cuenta el destino de los mismos. En términos estadísticos sobran profesionales en América Latina aunque falten profesores de calidad, ingenieros o graduados en ciencias naturales. El problema central reside en el bajo aprovechamiento del potencial científico, técnico y profesional en todos los sectores. Necesitamos crear un modo eficaz de vinculación de las universidades, los centros científicos y las demandas sociales. Lo que a su vez nos exigirá fortalecer nuestra capacidad científica y tecnológica.   
La universidad futura en América Latina está inevitablemente asociada con la realización de este objetivo: diseñar políticas de desarrollo inteligente y contribuir a la implementación de las estrategias adecuadas. Las universidades, que reúnen a los núcleos intelectuales, científicos y tecnológicos del país, tienen que animarse a diseñar y proponer proyectos para crear un nuevo modelo de desarrollo inteligente sustentado por la organización eficiente del Estado, la igualdad social y el crecimiento económico.

BIBLIOGRAFÍA
-       ALTBACH, Ph.; REISBERG, L.; RUMBLEY, L. (2009) Trends In Global Higher Education. Tracking an Academic RevolutionMassachusets : Boston College
-       CLARK, B. (1983) El sistema de Educación Superior. Una visión comparada de la organización académica. México: Universidad Autónoma Metropolitana
-       DELAMATA, G. (ed.) (2004) La universidad argentina en el cambio de siglo. Buenos Aires: UNSAM
-       DRUCKER, P. (1990) Las nuevas realidades. Buenos Aires: Sudamericana
-       GUMPORT, P. (ed.) (2015) Sociología de la Educación Superior. Buenos Aires: Universidad de Palermo
-       INAYATULLAH, S.; GIDLEY, J. (comps.) (2003)La universidad en transformación. Perspectivas globales sobre los futuros de la universidad. Barcelona: Pomares
-       KERR, C. (1994) Higher Education Cannot Escape History. Issues For the Twenty-First Century. New York : State University of New York Press
-       LUHMANN, N.; SCHORR, K.E. (1993) El sistema educativo. (Problemas de reflexión) México: Universidad de Guadalajara
-       MIKLOS, T.; ARROYO, M. (coords.) (2016) El futuro a debate. Respuestas prospectivas y estratégicas ante la incertidumbre global. México: LIMUSA
-       PEREZ LINDO, A. (1998) Políticas del conocimiento, educación superior y desarrollo. Buenos Aires: Biblos
-       PEREZ LINDO, A. (2003) Universidad, conocimiento y reconstrucción nacional. Buenos Aires: Biblos
-       RAMA, C. (2006) La Tercera Reforma de la Educación Superior en América Latina. México: Fondo de Cultura Económica
-       RENAUT, A. (2008) ¿Qué hacer con las universidades? Buenos Aires: UNSAM
-       SERVETTO, A.; SAUR, D. (comps.) (2011) Sentidos de la universidad. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba


lunes, 9 de enero de 2017

Artículo sobre Mignone en REVISTA Ñ


Modo 3 DE PRODUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO

Artículo en la Revista Integración y Conocimiento sobre (NEIES- MERCOSUR) la Teoría del MODO 3 de producción del conocimiento, la universidad y el desarrollo en América Latina



https://drive.google.com/file/d/0B2fqC0GNUTobRTN3Qng4cFlMZ1E/view?usp=sharingModo 3 de Producción del Conocimiento

martes, 8 de noviembre de 2016

Del Nihilismo Global al Neohumanismo

DEL NIHILISMO GLOBAL AL NEO HUMANISMO  

Augusto PEREZ LINDO
Publicado en RELACIONES, Montevideo, n.390, nov. 2016, pp. 14-16

            Después de más de doscientos años de intentos por consensuar y aplicar principios sobre la dignidad humana en las relaciones sociales la Humanidad se encuentra actualmente en una encrucijada donde las ideas y los hechos parecen llevarnos más bien a la negación del humanismo moderno.
            Las ideas anti-humanistas se abren camino en todas las direcciones. En la filosofía de Max More  el “trans- humanismo”  anuncia la posibilidad de reemplazar el trabajo humano mediante el recurso sistemático a las innovaciones tecnológicas, a los mutantes biónicos y a la Inteligencia Artificial. También existe la idea del “post-humanismo” defendida por filósofos postmodernos (Lyotard, Braudrillard) que afirman que los principios humanistas fueron superados junto con la modernidad y el Iluminismo. Desde este punto de vista habría que aceptar el fin de los proyectos humanistas, la idea de una sociedad igualitaria, libre, etc.
Todo esto parece todavía muy abstracto. ¿Qué pasa con las relaciones sociales hoy? Analizando las identidades juveniles urbanas en las grandes ciudades uno descubre “tribus” que se autodenominan “ángeles del infierno”, “masacre”, “cadáveres de niños”, “punks”, “skinheads”, “flogers”, “maras”, y tantos otros. A los que hay que sumar las mafias, bandas, “fraternidades”, sectas, que pululan por todas partes en el mundo real y en el virtual. Los grupos terroristas islámicos se hicieron famosos en los últimos años no solo por sus masacres sino también por la eficacia con la que usan las redes sociales para propagar una ideología homicida.
            Las relaciones interpersonales pierden valor mientras en  la dimensión virtual las interacciones se vuelen intensas.  Los “blogers” tienen sus ídolos. En Facebook, Twitter, Instagram y otros sitios se forman conexiones y redes donde además de los intercambios "normales” también se pueden encontrar drogas, pedofilia, prostitución, estafas, violencia, armas y otras cosas. Los servicios de seguridad ya estaban desbordados en la calle por la marginalidad. Ahora se encuentran superados en los espacios virtuales fuera de control. Algunos servicios de inteligencia recurren a los “hackers” para descifrar las tramas virtuales.  
            Durante la mayor parte del siglo XX era relativamente fácil designar las estructuras sociales: los conceptos de  “sociedad”,  “Estado”, “clases sociales”,  “marginalidad”,  eran categorías que nos permitían comprender el comportamiento colectivo. Ahora la “sociedad” resulta un concepto muy “abstracto”. Está desbordado por la “globalización” y también por los nuevos “actores” (tribus urbanas, movimientos sociales, relaciones virtuales, movimientos culturales, mafias, terrorismo, narcotráfico, marginalidad, etc.). Los sociólogos hablan de la “des-sustancialización” de la sociedad para criticar los grandes conceptos colectivos y prefieren hablar más bien de actores, relaciones sociales y sistemas. La idea de la “realidad social” está cambiando. Alain Touraine habla del “fin de las sociedades” (Paris, Seuil, 2013) y señala que hay que salvar el proceso de “subjetivación” de los seres humanos.    
            El Estado es una entelequia que teóricamente tiene como atributo el monopolio de la violencia para evitar que los individuos se maten entre sí. Su función protectora y reguladora lo llevó a garantizar seguridad, salud, educación y bienestar para todos. Ningún Estado ahora se atreve a tanto salvo algunas excepciones como los países nórdicos.
Las clases sociales se volvieron difusas: subsisten las castas en la India, en China el proletariado forma parte de un Estado Comunista y no está permitido que se comporte como tal. En el mundo global se desplazan  cada año unos 60 millones de trabajadores de todas las categorías. Los especuladores financieros forman parte de una nueva clase, los trabajadores independientes a veces forman parte de  una pequeña burguesía y otras veces viven en la marginalidad. Los trabajadores registrados en la industria o la administración pública, están relativamente protegidos y no se identifican con el proletariado tradicional. En algunos casos el funcionariado estatal entraría en la categoría de una “burguesía burocrática” como ya había denunciado Trotzky.  En casi todas partes existen “burguesías políticas” que acumulan poder económico a través de sus inserciones en el poder público. La de las “clases sociales” también resulta problemática.  
            Los que piensan que todo debe funcionar de acuerdo al Estado de Derecho y a los principios de los derechos humanos están cada vez más desconectados de la realidad. En Argentina los jóvenes se refieren con una dosis de desencanto o de cinismo a las situaciones de hecho con la expresión: “es lo que hay”. El pasaje del “deber ser” a “lo que es” significa que se instala una nueva demarcación. Pero, “lo que es” no tiene una inteligibilidad clara y distinta. En términos ontológicos nos encontramos ante una “realidad difusa”, compleja. Bauman habla del pasaje a una “sociedad líquida”. Ya no nos sentimos seguros por pertenecer a una “sociedad” o a un “Estado”.
            La destrucción del medio ambiente y la negación que predomina sobre el tema podríamos considerarla como parte de una “negatividad” más generalizada. La crisis de la socialidad, que incluye la desestructuración de las familias y de los vínculos sociales, aparece claramente como una fuente de negatividades. La cantidad de familias monoparentales es cercana al 20% en América Latina. La cantidad de personas que viven solas está cerca del 40% en las grandes ciudades.  La exclusión social aumentó en Africa, en el Medio Oriente, en Europa, en América durante las últimas dos décadas. La violencia escolar alcanza cifras que van desde 100.000 a 600.000 por año en países como Brasil, México, Francia, Estados Unidos.         Son indicios claros de las crisis vinculares, de la desestructuración de las relaciones familiares y sociales. Pero también indican el surgimiento de nuevas formas de comunicación y de interacción social. Están surgiendo nuevas formas de relacionarse.
Si analizamos los comportamientos y discursos de los actores encontraremos también nuevas formas de negatividad. En este sentido podemos hablar de “nihilismo social”, es decir, la negación de la socialidad, sea bajo la forma del individualismo consumista, sea bajo la forma de la marginalidad extrema, sea en formato terrorista o en formato de exclusión de distintos sectores sociales. Los partidos xenófobos y racistas crecen en Europa. Las guerras tribales o étnicas que significan la negación “del otro” diferente, proliferan en África, Medio Oriente, Asia Central. La desintegración social se manifiesta de mil maneras. Las agresiones virtuales por Internet se multiplican tanto como las violencias urbanas.
            Muchos creyeron que con las declaraciones y convenciones de las Naciones Unidas desde 1948 sobre los diversos problemas mundiales nos acercaríamos a un nuevo sistema internacional más justo, más equilibrado, más sustentable. Quedaron decepcionados. En el contexto de aplicación los principios de las Naciones Unidas nunca estuvieron tan lejos de concretarse. Al punto que muchos hablan de su deslegitimación.  Las personas que siguen pensando en términos de consensos éticos y políticos universales ahora forman parte de una minoría. Se podría pensar que estas minorías constituyen un sector marginal de la Humanidad actual. Una especie de neo-humanismo  motivado por principios que no se aplican.  
La negatividad avanza. Los alcances del “nihilismo social” pueden ilustrarse con los crímenes de los narcotraficantes en México, con los asesinatos masivos de los terroristas islámicos en Medio Oriente, con los derrumbes del Estado en Haiti, El Salvador, Somalia, Siria, Irak, Afganistán, México, Yemen, Palestina, Etiopía, Mali. Más de sesenta países están implicados en conflictos y guerras en Asia, Medio Oriente, Europa y África. Las causas de estas violencias son variadas pero Estados Unidos, Rusia, Francia, Inglaterra, China, tienen claras responsabilidades en cuanto protagonistas, fabricantes de armas y miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Las poblaciones alcanzadas por las guerras, los desastres ecológicos y la pobreza forman un vasto proletariado de centenares de millones de personas en todos los continentes. Michel Rocard, que fue Primer Ministro en Francia, se pregunta si el Occidente y la Humanidad no se están suicidando (Paris, Flammarion, 2015).
Muchos se niegan a reconocer estos escenarios. Resulta comprensible pues  enfrentar problemas insolubles, contemplar con impotencia la destrucción y la autodestrucción de poblaciones, registrar el aumento de la irracionalidad económica, social, política, militar en todas partes nos llena de angustia. Es lógico que nos sintamos impulsados a la negación. Muchos prefieren no informarse sobre lo que pasa. Por otra parte, grandes sectores están tan concentrados en enfrentar sus problemas particulares que no pueden pensar las situaciones globales.
En Paris a fines del 2015 se estuvo decidiendo si se puede estabilizar el cambio climático antes de que devenga catastrófico e irreversible. En Irak, Siria, Afganistán y otros países varios gobiernos trataron de contener las olas terroristas de fanáticos islámicos. En México, en Somalia, en Yemen, en Haití el derrumbe o la impotencia del Estado llegó a límites extremos. En distinta escala se sufren fenómenos semejantes en más de cincuenta países. En Estados Unidos, Europa Occidental y América Latina millones de personas empobrecidas o excluidas por los procesos económicos y sociales están generando comportamientos individuales y colectivos de rechazo o destrucción de las formas actuales de sociedad. Este nuevo proletariado mundial no tiene una identidad, a veces se tiñe de izquierda, otras veces de derecha, otras veces de islamismo o de regionalismo.
Si bien algunos analistas del estado del mundo vinculan entre sí algunos de estos fenómenos lo usual es pensar que estamos afrontando problemas distintos. En consecuencia, se tiende a enfrentar estos desafíos con políticas fragmentarias.  Es lo que se siente en Europa con las políticas económicas y con el drama de los inmigrantes, en Estados Unidos con la inmigración ilegal o la intervención en  Medio Oriente,  en México con la lucha frente al narcotráfico. Lo mismo sucede con las políticas ecológicas de los gobiernos frente al calentamiento global como se ha patentizado una vez más en las Cumbres de Lima y de Paris. Respuestas inadecuadas, limitadas o  insuficientes es lo que estamos viendo.
Pero, ¿qué tienen que ver las actitudes violentas y nihilistas  con la crisis de los vínculos? ¿Qué tiene que ver el derrumbe del Estado con el calentamiento global? ¿Cómo inciden las políticas económicas en el surgimiento del terrorismo islámico?
A estas preguntas se podría responder apelando a las teorías holísticas o sistémicas.  Se podría decir, como se repite al cansancio, que todo está ligado en el mundo global. Es verdad, ahora sabemos que formamos parte del mismo planeta. La meteorología se ha ocupado principalmente de hacernos sentir esta realidad. Los huracanes o las inundaciones o las sequías no tienen fronteras. Pero también nos ha hecho asumir la consciencia global el terrorismo islámico o el crecimiento de las poblaciones excluídas que se manifiesta en todos los continentes.
Lo que nos enseñan los problemas contemporáneos es que no podemos contentarnos con explicaciones monocausales, aunque a todo el mundo le gusta encontrar la “causa única” que explica todas las cosas. Estamos aprendiendo a pensar de manera compleja.
En el libro “Mutaciones” (Bs.As., Biblos, 1993) sosteníamos que estaba surgiendo un nuevo proletariado mundial de pobres, marginados, excluídos, desempleados: el “cuarto mundo”. Muchos movimientos sociales surgieron con esta realidad: Homeless en USA, Sans Logis en Francia, Sem Terra en Brasil, Piqueteros y Villeros en Argentina, Ocupy Wall Street, Indignados en España, Desocupados, Migrantes Indocumentados, etc.  No hay trabajo para todos, no hay lugar para todos en este mundo.
En la medida en que el sistema económico mundial no se muestra capaz de sustentar una sociedad solidaria, las brechas sociales, las desigualdades, se profundizan. Con múltiples consecuencias. El fracaso social de las políticas petroleras en Medio Oriente deja a muchos fuera de un proyecto social. Por eso muchos encuentran en el fundamentalismo islámico un movimiento donde lograr una inclusión y un sentido a sus frustraciones. También fracasaron las políticas alimentarias a pesar de que la capacidad de producción de alimentos supera las necesidades de la población mundial. Por otro lado, los procesos económicos fueron fagocitados por el capitalismo financiero y por la concentración de empresas como muestra Thomas Pikety en “El capital en el siglo XXI” (FCE, 2014)
 El fracaso de las economías a-sociales (o sea, sin sociedad) tiene otras consecuencias profundas. El individualismo capitalista no solo deja al margen a millones de personas sino que también socava los vínculos familiares y sociales. Por eso es que encontramos millones de  personas viviendo solas en ciudades como Tokyo, New York o Buenos Aires. Muchos, niños y  jóvenes elaboran la idea de que la sociedad los condena y por lo tanto asumen actitudes nihilistas: quieren destruir el entorno social. Aparecen niños y jóvenes que destruyen escuelas, que agreden a sus compañeros, que están dispuestos a matar a cualquiera que se interponga con sus deseos. En casi toda América Latina se pueden alquilar jóvenes sicarios para matar a alguien.
El nuevo proletariado, el Cuarto Mundo, asume características diferentes de acuerdo con los contextos sociales o culturales. En los años de 1970 encontrábamos sobre todo movimientos nacionalistas y socialistas entre los sectores excluídos. Ahora encontramos fundamentalistas islámicos, nihilistas, movimientos sociales alternativos, neo-fascistas.  
El fondo de la cuestión es el modelo de desarrollo mundial. Las políticas de acumulación económica (llamadas “de crecimiento”) y las políticas extractivas y depredadoras (petróleo, minería, soja) generaron expansión pero no desarrollo. Encontramos también situaciones aberrantes: millones de personas sin vivienda en España, Italia, Grecia o Alemania y al mismo tiempo millones de viviendas desocupadas que fueron construidas para especular. Algo parecido ocurre en EE.UU. y en China.   
No decimos nada nuevo al afirmar que la ausencia de un modelo mundial de desarrollo repercute en políticas destructivas del medio ambiente o en políticas sociales catastróficas. La página Web de Naciones Unidas está llena de documentos y declaraciones sobre esta cuestión desde 1960. La bibliografía que se puede encontrar en Internet es interminable.
A partir de la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos pareció que tanto este país como las otras potencias dominantes iban a concertarse para cambiar el sistema económico mundial. En lugar de eso se tomaron decisiones muy parciales que buscaban salvar al sistema financiero. En la década del 2000 varios países latinoamericanos reaccionaron en otro sentido buscando mejorar la distribución del ingreso y fortalecer la capacidad del Estado para controlar la economía. Pero se empantanaron en el clientelismo político y la corrupción. Perdieron el rumbo. En la crisis económica europea de los últimos años no aparece una voluntad para apoyar una estrategia transnacional que supere los límites del capitalismo vigente.
El hecho de enfrentar crisis tan profundas en diversos planos hace que los actores sociales adopten actitudes nihilistas. Aquellos que hacen del narcotráfico una salida para sobrevivir, o aquellos que se embarcan en el fundamentalismo islámico o aquellos que rechazan las instituciones sociales o del Estado, están movidos por sentimientos de negación o de impotencia. Crecen la anti-política, los movimientos anti-sistemas, los partidos neofascistas y anarquistas. La negatividad se impone en el horizonte existencial de millones de personas.
La razón de las distintas crisis que vivimos (ecológica, social, económica, moral) no se puede encontrar en una sola dimensión de la experiencia social. El calentamiento global es un epifenómeno del modelo económico pero también de un modelo cultural de desarrollo.  El nihilismo social es consecuencia de la exclusión y de la crisis moral. La violencia del terrorismo  islámico tiene que ver con injusticias del orden internacional y con mentalidades fanáticas que también surgen con otras ideologías en Occidente. La deslegitimación o el derrumbe del Estado tiene fundamentos económicos, políticos y culturales. Las políticas de los medios de comunicación social y la viralización negativa en Internet operan como multiplicadores de una cultura de la violencia y de la desligación social.  
Todas estas crisis son efectos de las mutaciones bio-psico- sociales que afectan la evolución de la Humanidad en las últimas décadas. La globalización socavó los estados nacionales. La informatización transformó las relaciones sociales y generó nuevos comportamientos individuales y colectivos. Los cambios en la percepción de las identidades étnicas o sexuales, los cambios en la individuación de los niños, la emancipación de las mujeres, son procesos que alteran los sistemas sociales vigentes. El modelo de acumulación económica centrado en el capital financiero y en las multinacionales polarizó las sociedades y profundizó los desequilibrios.
¿Qué hacer frente a estos escenarios? Hace décadas que se ha planteado en Naciones Unidas la necesidad de establecer un Pacto Mundial para un Modelo de Desarrollo Sustentable y Solidario. Lo cual implicaría reformar el Orden Internacional. Algo que se viene reclamando desde distintas ideologías. En un plano más profundo podríamos decir contra toda desesperación que para salvarnos tenemos que recuperar la solidaridad y la sustentabilidad ecológica.   Nos encontramos entonces en una instancia histórica en la que la especie necesita  renovar sus impulsos primitivos para sobrevivir. Nos vemos obligados a inventar un proyecto de vida en común, a escala planetaria. 
Diversos movimientos y foros sociales intentan reaccionar apuntando a la reconstrucción mundial. Todavía constituyen una minoría. Aunque parezcan el residuo de proyectos humanistas o fósiles de la modernidad, en estos espacios se está formulando una nueva biopolítica para la supervivencia de la especie. El desafío es de esa escala, aunque algunos se confundan con las coyunturas o con las particularidades.

Augusto Pérez Lindo. Dr. en Filosofía (Universidad de Lovaina)  Ex – Profesor titular de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Profesor del Doctorado en Educación de la Universidad de Palermo y del Doctorado en Políticas y Gestión Universitaria de la UNTREF.
Autor de: Mutaciones. Escenarios y filosofías del cambio de mundo (Biblos, 1993); Nuevos paradigmas y cambios en la consciencia histórica (Eudeba, 1999); El mundo en vísperas. Filosofía y consciencia histórica (Biblos, 2012).

perezlindo@gmail.com



Presentación del libro sobre Emilio F. Mignone y la Educación

AUGUSTO PÉREZ LINDO
PRESENTACIÓN DEL LIBRO SOBRE EMILIO FERMIN MIGNONE

UNIPE, editorial de la Universidad Pedagógica

Sala de la Organización de Estados Iberoamericanos, 3 de noviembre de 2016

Estamos honrados Cayetano De Lella y yo, de presentar este libro que al mismo tiempo es un homenaje a Emilio Fermín Mignone y una recuperación de los pensamientos que el autor elaboró a lo largo de su vida sobre las políticas educativas.
Emilio Mignone fue Director de Educación en la Provincia de Buenos Aires, consultor de la OEA, Subsecretario de Educación de la Nación, Rector de la Universidad Nacional de Luján, Presidente de la CONEAU, miembro de la Academia de Educación. Además de estas funciones institucionales Mignone desarrolló acciones  e ideas sobre las políticas educativas. Diseñó el primer estatuto del Docente del país en 1949, elaboró pautas para el planeamiento universitario, preparó la creación de la Universidad Nacional de Luján, participó en la organización de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, redactó manuales y materiales para la formación ciudadana en las escuelas secundarias, hizo aportes para mejorar la legislación universitaria, realizó estudios sobre la evolución del sistema educativo argentino, propuso reformas en la organización universitaria.
Por supuesto, no dejamos de lado la importante actuación que tuvo durante la dictadura militar 1976 – 83 al crear el Centro de Estudios Legales y Sociales con el fin de defender los derechos humanos. Miles de personas fueron asistidas por el CELS en distintas instancias legales, personales e institucionales. Y no olvidamos tampoco que esta experiencia lo llevó a proponer iniciativas para la enseñanza de los derechos humanos.  Mignone asumió que la lucha por los derechos humanos había transformado el discurso de la política en Argentina y que a partir de allí esperaba que la convivencia pluralista, el Estado de Derecho y la vigencia de los derechos individuales y sociales fueran ejes centrales de la democratización que comenzó con el Gobierno de Alfonsín en diciembre de 1983.
En nuestro análisis de los escritos y discursos de Emilio Mignone hemos tratado de identificar sus principales ideas sobre las políticas educativas.
1.    En primer lugar, la conciencia de la continuidad histórica de las políticas educativas argentina desde fines del siglo XIX hasta la fecha en cuanto a la progresiva universalización del acceso a la educación pública en todos los niveles. Esto surgió de su estudio sobre la historia de la educación argentina que transmitió en varios escritos. Según esta perspectiva mantuvo como constante de todos los gobiernos desde fines del siglo XIX la búsqueda de la universalización del acceso a la educación. Tanto los liberales que impusieron la Ley 1420 de la enseñanza básica, pública, obligatoria y gratuita desde 1870, como los conservadores, radicales y peronistas, y aún los gobiernos militares mantuvieron un modelo de acceso general a la educación a través de la intervención del Estado y con el complemento de la enseñanza privada.

2.    Para Emilio Mignone la responsabilidad principal para llevar a todos la cobertura educativa era ante todo del Estado pero también defendió la complementariedad de la educación privada. Desde siempre sostuvo que la educación era una función pública, cualquiera fuera la fuente de financiamiento. Y también defendió la pluralidad de los agentes educativos: el Estado, la familia, las iglesias, las organizaciones no gubernamentales. Ahora que entramos en la era de un sistema educativo global, virtual, gratuito y  multicultural, podemos comprender que Mignone se ubicaba en el curso de la historia reconociendo la pluralidad de agentes educativos y la transnacionalización de los intercambios culturales. 

3.    Si bien Mignone defendió la pluralidad de los agentes educativos siempre sostuvo la necesidad de que existiera una planificación coordinada por el Estado. En este sentido criticó la atomización institucional y también la tentación de regular las ofertas educativas por el mercado. En la CONEAU encontró un mecanismo que permitía sostener ciertos criterios de calidad para el conjunto  de las universidades al mismo tiempo que se reconocía la autonomía de las mismas.

4.    La formación del ciudadano, lo que en el mundo griego se conocía como la Paideia, la transmisión de valores colectivos y el conocimiento de las realidades nacionales, fueron tema de preocupación de Emilio Mignone a través de textos que diseñó para las escuelas secundarias, a través de discursos y de criterios curriculares que vehiculizó a través de la CONEAU y otros organismos. La educación para los derechos humanos lo tuvo entre sus iniciadores.

5.    Una preocupación que siempre lo acompañó fue la necesidad de fortalecer el Estado y en particular el sistema educativo nacional. Siempre fue consciente de las fragilidades que sufren las instituciones públicas tanto en su organización como en los valores que presiden la gestión pública.
De todas estas características uno puede deducir que Mignone pensó y actuó como un Estadista, como alguien preocupado por el bien público, por la gestión del Estado, por los valores de la sociedad. En este sentido podemos considerar que Emilio Mignone fue un educador público. Por eso ocupó un sitial en la Academia Nacional de Educación. Tampoco podemos dejar de olvidar que tuvo profundas convicciones católicas y que las mismas lo llevaron inclusive a criticar la actuación de la Iglesia durante la Dictadura Militar.
      Su actuación a partir de la Dictadura Militar 1976 – 1983 lo convirtió de hecho en el principal defensor de los derechos humanos al crear el Centro de Estudios Legales y Sociales que buscó proteger jurídicamente a las personas y preparar los antecedentes para juzgar a los responsables de crímenes contra la humanidad. En mérito a sus actuaciones recibió premios y reconocimientos de organizaciones internacionales, religiosas y laicas.
Los materiales que hemos seleccionado recogen el pensamiento de Mignone sobre la educación en diversos momentos de su vida. Sus aportes lo hacen merecedor de ocupar un lugar relevante en el panteón de los grandes educadores del país.
Asimismo, su testimonio personal, su honestidad, su compromiso con valores trascendentes de la sociedad, lo convierten en un referente moral para todos los que piensan que luchar por el bien común constituye una misión, un destino personal y colectivo.

      Al editar este libro la Universidad Pedagógica no solo completa su colección de educadores ilustres de la Argentina sino que también rinde homenaje a una personalidad que puso sus convicciones personales y sus energías en la búsqueda de una educación pública igualitaria, eficiente y fundada en valores universales. 

7 mo Seminario Internacional de Educación a Distancia

Santa Fé 20 y 21 de Octubre Organizado por la Red Universitaria de Educación a distancia de Argentina RUEDA
 RUEDA - RED UNIVERSITARIA DE EDUCACIÓN A DISTANCIA DE ARGENTINA 7° Seminario Internacional de Educación a Distancia Universidad Nacional del Litoral, Santa Fé 21 de octubre de 2016 – 8.30 HS.
 Panel: Perspectivas meta-analíticas sobre las tecnologías en la Educación Superior INTERROGANTES Y PERSPECTIVAS DE LAS TICs EN LA VIRTUALIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA SUPERIOR
 Dr. Augusto PÉREZ LINDO, Profesor del Doctorado en Políticas y Gestión Universitaria de la UNTREF, del Doctorado en Educación de la Universidad de Palermo y de la Maestría en Gestión Universitaria de la Universidad Nacional de Mar del Plata
 Agradezco que me hayan invitado a este encuentro de RUEDA para presentar algunas reflexiones sobre las tecnologías de la información y sus impactos en los procesos del conocimiento. Quiero también destacar la función que ha cumplido esta Red para congregar a todos los actores implicados en la educación a distancia en las universidades públicas del país. En un artículo publicado en la Revista Avaliaçào en noviembre de 2014 analicé los impactos de las TICs en los procesos del conocimiento y sus consecuencias para la enseñanza. Alli destaqué principalmente estos aspectos: - Las tics modifican los procesos de conocimiento en la medida en que alteran los usos del lenguaje, la percepción de la realidad, los estados subjetivos y la interacción con la sociedad; - Tal vez uno de los impactos más profundos sea el cambio en el principio de realidad ya que los usuarios tienden a interactuar con objetos y personas en estado virtual; se pueden simular acciones químicas o quirúrgicas, navegaciones aéreas o viajes terrestres, actividades físicas o psicológicas; - En lo subjetivo, aunque todavía ignoramos mucho de los cambios neuronales que se producen en los procesos cognitivos virtuales podemos en cambio constatar que predomina el pensamiento visual e intuitivo, que la memoria se puede depositar en archivos exogámicos, que se pueden establecer relaciones intersubjetivas intensas de manera virtual; - Algo menos explorado es la cosmovisión que inducen las TICs, o sea, el sistema de ideas y creencias. El hecho de que dispongamos de una biblioteca virtual e infinita para acceder al conocimiento del mundo esta transformando la inteligencia colectiva e individual en todas partes. El planeta se ha vuelto muy próximo, como una Aldea Global, según decía Marshall McLuhan. Todo es próximo y accesible. La visión del mundo se ha vuelto al mismo tiempo más simple y más compleja, como apreciamos en los usos primitivos y avanzados de las TICs en las guerras y conflictos actuales. - Tal vez el aspecto más notorio sea el reemplazo progresivo del lenguaje secuencial y estructurado por una nueva semiología comunicacional que hace que los jóvenes utilicen menos palabras convencionales y más íconos o neologismos tecno-culturales. Es uno de los fenómenos que más inquieta al mundo de la educación. - La transmisión de conocimientos ha cambiado con Internet. Aunque en gran medida los sistemas educativos sigan trabajando como en la era de Gutenberg. Cualquier individuo puede acceder a conocimientos avanzados en cualquier edad y desde cualquier lugar del mundo. Esto crea nuevas posibilidades para la inteligencia colectiva e individual. Niños, adolescentes o ancianos que antes eran ajenos a la educación superior ahora se encuentran conectados a programas de conocimientos universitarios. La producción de la información científica se multiplica y diversifica con las TICs. Ahora necesitamos una mayor capacidad de síntesis y de pensamiento complejo. Cualquiera de estos fenómenos merece nuevas investigaciones e interpretaciones. Algunos piensan que entramos en una nueva era de universalización del acceso al conocimiento independientemente del formato de las instituciones educativas. Otros piensan que estamos perdiendo competencias cognitivas, lingüísticas y comunicacionales. Circula más información pero menos conocimiento. Circulan muchas imágenes y menos ideas. Más conocimientos fragmentarios y menos síntesis. En diversas reuniones y congresos he podido constatar que existen preocupaciones sobre los efectos de las TICs en los rendimientos académicos, en los aprendizajes, en el comportamiento de los alumnos. No disponemos de estudios concluyentes sobre la capacidad de la educación a distancia o virtual para mejorar los aprendizajes. De hecho, en los programas vigentes se observa mucha deserción porque el aprendizaje virtual requiere mayor autonomía intelectual. Pero con determinados programas muchas personas con escaso capital intelectual acceden más rápidamente a utilizar conocimientos pertinentes. Uno de los factores que está incidiendo en los avances rápidos de niños y adolescentes en sus aprendizajes tiene que ver con el acceso directo a los recursos de los sistemas de información. Resulta paradojal que todavía predominen las estrategias territoriales desde el punto de vista de la enseñanza en las universidades públicas. Vengo sosteniendo que deberíamos crear, como hizo Brasil, una Universidad Virtual Argentina para volcar en un mismo ciberespacio todas las ofertas académicas de grado y posgrado de las universidades públicas. Esto no implicaría para nada crear otra universidad o alguna estructura física o administrativa. También resulta sorprendente que subestimemos el hecho de que vivimos en medio de un sistema educativo global, virtual y gratuito a través de Internet donde cualquier individuo puede acceder a todo tipo de conocimiento desde cualquier lugar del mundo. Millones de individuos de todos los continentes ya están aprovechando esta oportunidad por lo que podemos reconocer que existe un nuevo tipo de escolarización virtual, formal e informal según los casos. El acceso a la educación superior se ha ampliado notoriamente en todos los continentes en las últimas décadas. Ahora también podemos apreciar un progreso de la desescolarización formal por parte de aquellos individuos que se instruyen a través de Internet o en sistemas como el home schoolling. Las instituciones o los gobiernos se plantean la conveniencia o inconveniencia de la virtualización de la enseñanza. Argentina ha mantenido en las últimas décadas una actitud recelosa al respecto y no ha facilitado el reconocimiento de universidades totalmente virtuales. En la educación básica se realizan todo tipo de experiencias y se observa en algunos países procesos de desescolarización debido al hecho de que las familias pueden instruir a sus niños por Internet. Los programas de Home Schooling se han expandido con apoyo de las computadoras. ¿Qué hacer frente a este panorama? Ante todo necesitamos reuniones como este foro de RUEDA para analizar los impactos y las perspectivas de la virtualización de la educación. Deberíamos estudiar científicamente las experiencias en curso para sacar conclusiones válidas. No es cierto que todo va mejor con la educación a distancia. Tampoco es cierto que el uso de las TICs es inapropiado para formar un pensamiento científico o una persona educada. Es verdad que encontramos en nuestras universidades que muchos ingresantes universitarios tienen escasos déficits lingüísticos y cognitivos. En promedio utilizan unas 350 palabras. Además, muchos tienen también problemas con el pensamiento argumentativo, base del conocimiento científico. Estas fallas en las competencias cognitivas no se deben simplemente a la influencia de Internet. Se vienen observando desde antes de la aparición de la PC y de los celulares. El pensamiento visual aparece desde comienzos del siglo XX con el cine y la televisión. Aunque en un contexto donde la radio, la lectura y la escuela tenían una gran influencia. Resulta ineludible replantear nuestros esquemas epistemológicos respecto a como funcionan los procesos cognitivos en la actualidad. Las TICs han modificado nuestras condiciones de observación de la realidad, las interacciones entre docentes y alumnos, los lenguajes, los modos de transferir conocimientos a la sociedad. Los docentes tienen que revisar sus esquemas de pensamientos, sus paradigmas. Se dice ahora que la educación tiene que enseñar a manejar la incertidumbre. Esto es absolutamente válido pues la explosión de conocimientos hace que lo que aprendimos ayer resulte obsoleto en poco tiempo. En la mayoría de los cursos universitarios (sobre todo en carreras como Medicina, Derecho, Agronomía, Ingeniería y otras) más del 80% de la actividad consiste en transmitir información que está en los libros y que los alumnos deben memorizar. ¿Qué pasará cuando el acceso directo de la mente a la computadora permita transferir con un click los archivos de un libro o de artículos científicos a la memoria de los estudiantes? Será necesario entonces reforzar la capacidad de interpretación de esos datos tanto por el profesor como por el alumno. O sea, la capacidad para pensar deberá ser revalorizada. En todo caso, gran parte de la tarea de transmisión de información que aún realizan los docentes podrá ser considerada redundante. La enseñanza inteligente del futuro pondrá el acento en el pensamiento argumentativo, en el dominio de los principales paradigmas científicos, en la capacidad para sintetizar información, en la capacidad para interpretar datos o discursos argumentativos. La inteligencia artificial se hará cargo de las informaciones que necesitamos pero nosotros tendremos que reforzar nuestra capacidad para pensar. El aprender a pensar es una de las cinco competencias principales que recomienda la UNESCO para todos los niveles de la enseñanza. La liberación del esfuerzo memorístico por parte de los alumnos permitirá acercarse a una formación más holística, más compleja, rompiendo con las deformaciones de las especialidades cerradas en visiones fragmentarias de la realidad, del cuerpo humano, de la sociedad o de la cultura. Las nuevas condiciones de aprendizaje permitirán que muchas personas transiten por varias disciplinas. La transdisciplinariedad forma parte del nuevo modo de producción y transmisión de conocimientos. Mientras la memoria exogámica nos ahorra tiempo y esfuerzo para procesar informaciones, nosotros tendremos mayor necesidad de sistematizar e interpretar los datos y discursos de varias disciplinas. Desde esta perspectiva yo observo una contradicción entre los nuevos horizontes que nos ofrece la educación virtual y los formatos curriculares tradicionales con que se opera a través de muchos programas de educación a distancia. El sistema universitario argentino todavía no se permite flexibilizar el currículo, tampoco permite superar la territorialidad o la monodisciplinariedad. Lo diplomas son eminentemente corporativos, calcados sobre las incumbencias profesionales reconocidas. Pero de hecho, en la realidad, todo los profesionales han tenido que asimilar conocimientos de otras disciplinas luego de graduarse. En el aspecto lingüístico es donde urgente encontrar políticas del conocimiento más adecuadas. Como resultado de la pérdida de competencias lingüísticas entre los alumnos en muchas buenas universidades se está poniendo más el acento en la expresión oral y escrita, en la redacción de informes y artículos. En algunos doctorados se pueden suplir varios cursos si se publican artículos en revistas con referato. ¿Cómo podemos velar a través de la enseñanza virtual a recuperar o mantener las competencias lingüísticas? Este es un interrogante que debería preocuparnos a todos los que sostenemos la pertinencia de la enseñanza a distancia. Estos y otros interrogantes muestran que necesitamos una perspectiva epistemológica para definir políticas del conocimiento que sean adecuadas para el sistema universitario y para la educación en general. La virtualización de la enseñanza no es un mero problema institucional y tampoco es solamente un problema pedagógico. Estamos asistiendo a un cambio en el modo de producción y de transmisión de conocimientos que tiene raíces en el proceso civilizatorio, en las innovaciones tecnológicas y en los avances científicos. Nuestra época, tan llena de conocimientos avanzados, no dispone de un sistema de pensamiento que permita comprender todo lo que está pasando. La incertidumbre y la irracionalidad en todas sus formas se combinan para crear a veces escenarios de retorno a la barbarie. Creo que sería una buena iniciativa crear un Observatorio de Enseñanza Virtual a fin de coordinar los estudios teóricos, los análisis de experiencias pedagógicas y los aportes de las ciencias cognitivas que nos permitan elaborar mejores políticas institucionales y pedagógicas para aprovechar las potencialidades de las TICs. En los primeros tiempos de instalación de la cultura virtual hemos dedicado mucho tiempo para producir cambios en las instituciones y para formar especialistas de distintas funciones. Pero en tanto universitarios y científicos no debemos perder de vista que se trata también de controlar el sentido de los procesos que estamos experimentando. Esto resultaría coherente con la sugerencia que preside este panel: elaborar una perspectiva meta- analítica de las tecnologías en la educación. En Argentina el avance de la virtualización de la enseñanza y de los aprendizajes todavía es limitado. Para superar las resistencias, los recelos, los miedos a las tecnologías de la información, necesitamos presentar experiencias, resultados, impactos que acrediten que nuestros programas de educación a distancia pueden contribuir a mejorar la educación superior. Por eso considero conveniente crear un Observatorio de Enseñanza Virtual que sea un referente para todos los que están interesados en el tema y que pueda brindarnos un conocimiento objetivo y un meta-conocimiento de las experiencias en curso. Esta iniciativa por otra parte podría ser parte del proyecto para crear la Universidad Virtual Argentina con el aporte de todas las universidades públicas del país. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) aplicadas a la educación están induciendo un cambio cultural a escala del mundo. Este proceso supera en diversos sentidos el uso instrumental de las tecnologías en la educación. Si el país quiere ser protagonista de este proceso en lugar de ser meramente usuario o consumidor tiene que reforzar su capacidad para orientar el uso de las TICs en la Educación Superior. Esta sería a mi entender parte de la misión de la Red Universitaria de Educación Superior de la Argentina.